En octubre de 2025 participé en la jornada de idioma y cultura italiana en Viedma, organizada por la Universidad Nacional de Río Negro, con el objetivo de tender puentes entre Italia y Argentina. La actividad fue coordinada desde la Secretaría de Internacionalización, con el trabajo de María Paula Awe, Mariana Ricera Foss y Bárbara Tarantino. Para mí, estas jornadas son valiosas porque apuntan a algo esencial: acercar al público a distintas culturas a través del idioma y de experiencias concretas, generando espacios reales de intercambio y aprendizaje.

En esta edición tuve el placer de compartir el ciclo con Martín Vesprini, de la Agencia de Cooperación Italia–Patagonia en Argentina. A lo largo de dos días, ofrecimos dos charlas complementarias: yo me enfoqué en el idioma italiano, no solo como herramienta de comunicación, sino como parte de una identidad viva que se transmite en la historia migratoria, en la familia y en la manera de habitar el mundo; Martín, por su parte, abordó la comida italiana como un lenguaje cultural en sí mismo, capaz de contar orígenes, vínculos y tradiciones.

Lo que más me llevo de esta experiencia es el contacto con el público: las preguntas, los relatos personales, la curiosidad y el deseo genuino de acercarse a Italia desde lo cotidiano. Una vez más confirmé que enseñar una lengua no es únicamente enseñar gramática: es abrir una puerta cultural, activar memorias y construir pertenencia.

Participar en esta jornada fue, una vez más, una forma concreta de tender un puente entre Italia y Argentina, fortaleciendo un diálogo cultural que crece a través del idioma, la gastronomía y el encuentro.

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